lunes, 12 de mayo de 2008

Un tipo de fierro

Siempre le había costado relacionarse con el sexo opuesto. Y no porque fuera de esos tipos patológicamente tímidos que se paralizan cuando otra persona se les aproxima aunque más no sea para pedirle la hora. No. El Flaco era una persona desenvuelta. De esos que van a una reunión en la que no conocen a nadie y no tardan en socializar, en mezclarse con la gente, en participar de las conversaciones aunque más no sea con algún comentario trivial, pasajero pero oportuno. Porque El Flaco tampoco era de esos que llegan a un lugar y se adueñan de la atención de todos los presentes. Creo que ese era su mayor mérito. Un tipo divertido pero no agobiante, de esos que buscan constantemente la aprobación del otro. Una persona segura de sí misma más bien. Un observador milimétrico que siempre tenía a mano el comentario justo, una salida ocurrente o el silencio cuando la situación así lo requería. Porque ésa era una de sus máximas virtudes. Saber callarse. No sólo escoger el momento adecuado para hacerlo sino su duración. Porque entre un silencio comprensivo y otro incómodo a veces existen milésimas de segundo de diferencia.
Además con el Flaco se podía hablar de todo. Era un tipo informado, muy leído como decía mi abuela. Tenía una opinión formada acerca de todos los tópicos imaginables tantos los trascendentales como los cotidianos. Sabía de política, de cine y de literatura como de fútbol o cuál era la última pareja de la farándula que se había formado. Y manejaba una cantidad indecente de datos. Fer siempre insistía con que se anotara en uno de esos concursos de preguntas y respuestas estilo “Odol pregunta” que hoy en día están muy de moda. Pero imagínense lo que sería el Flaco ante una cámara sabiendo la cantidad de gente que mira esos programas. Un miedo escénico inmanejable.
Con nosotros no era así, se soltaba. Nunca monopolizaba la palabra en una reunión como podían hacerlo Nico o Javi pero siempre sus acotaciones era bien recibidas. Es más, me animaría a decir que era uno de los tipos más escuchados del grupo. Pero todos esos atributos se evaporaban cuando se enfrentaba cara a cara con una mujer. Se desplomaba, se atontaba, se encerraba en sí mismo y no era capaz de hilvanar una conversación digna por más de cinco minutos. No digo interesante, no me refiero a un diálogo que le rompiera la cabeza a su interlocutora y la enamorara al instante. No, no podía siquiera hablar de las cosas circunstanciales más básicas, de las pavadas que uno habla cuando no conoce en profundidad a la otra persona. El Flaco se aturdía, quedaba inmovilizado, sin reacción. Completamente anulado. Una lástima porque si bien el Flaco no era un tipo fachero era físicamente bien catalogado por el sexo opuesto. Cuando íbamos a alguna fiesta o conocíamos un grupo de mujeres nunca faltaba por la que se interesaba por él. Medía más de un metro ochenta, morocho, ojos verdes, fibroso, correcto y atildado. No tenía la facha de Nico pero nos aventajaba a muchos en ese ítem. Nunca lo ibas a ver con barba de una semana, despeinado o con la ropa arrugada. Pero claro, las minas lo veían interactuar y perdían todo tipo de interés. Siempre callado con esa cara de “qué mal la estoy pasando” o “estoy esperando el momento para irme”. Nosotros sabíamos cómo era, pero para alguien que no lo conocía sus actitudes o posturas era repelentes. Porque Seba, por ejemplo, era un tipo tímido pero en el boliche se encaraba hasta a las que laburaban en el guardarropa, era un tiroteador empedernido, hasta que no agarraba algo no paraba.
Aunque el Flaco minimizaba su problema, el tema era una preocupación en el grupo y en cada reunión en la que el Flaco no estaba solíamos plantearlo. El Loco lo había hablado más de una vez con él pero si bien era plenamente consciente de la situación, el Flaco solía evadirlo o corría el eje de la discusión con facilidad. Porque hasta para eso era hábil el Flaco. Te manejaba los hilos de la conversación y te llevaba para el lado que más le convenía. Eso sí, era un tipo que evitaba los roces o las discusiones pero cuando participaba en una era un sólido argumentador y te hablaba en un tono que más allá de lo que te dijera te hacía creer que era la persona que más sabía de ese tema en el mundo. De ahí el desconcierto que la situación nos generaba. Fer, como todo adicto a la terapia, insistía en sacarle una cita con un psicólogo porque estaba convencido que el problema del Flaco se debía a que en su niñez había experimentado alguna experiencia traumática. Quizás había hecho el ridículo delante de sus compañeritas de jardín o en los primeros años de la primaria e inconscientemente ese recuerdo le provocaba la trabazón pero que con trabajarlo en las sesiones se podía superar. Lo cierto era que el Flaco desconfiaba de los psicólogos y perdonen si soy insistente, pero en los demás aspectos de su vida era una persona muy segura y decidida.
De ahí nuestro desconcierto. Cómo podía ser que un tipo sensato, medido y con facilidad de palabra podía convertirse en ese concierto de desatinos que era el Flaco a la hora de chamuyarse una mina. Nunca le habíamos conocido novia alguna aunque el nos contaba de sus flirteos con alguna compañera del laburo. Porque al Flaco le iba bárbaro como vendedor, hacía tres años que había ingresado en una empresa de cosméticos y en ese lapso ya había conseguido cuatro ascensos. Gustavo, que trabajaba con él y a veces salía con nosotros, lo tenía ahí arriba al Flaco. Decía que no había mujer que pudiera neutralizar las habilidades de vendedor del Flaco. Porque ahora es el contacto de la empresa con las grandes cadenas de supermercado y vende al por mayor pero durante los primeros meses recorrió todas las perfumerías de barrio. Un día, entre copas, el Flaco nos confesó haberle vendido un producto para el fortalecimiento capilar a una señora que había quedado calva definitivamente después de una operación y usaba peluca. Según Gustavo, el Flaco le Había pintado tan bien el producto a la mujer que no encontró excusas para decirle que no y le compró dos pomos. Por eso no nos entraba en la cabeza su trabazón. Su desenvoltura con el sexo opuesto se evaporaba cuando empezaba a notar chances ciertas de que algo pasara, de tener algún tipo de intimidad. Nos daba impotencia no poder ayudarlo porque el Flaco era un tipo de fierro, esos que siempre están en primera fila cuando necesitás algo y si bien en varios aspectos de su vida el Flaco era exitoso, ésa falta de tacto con el sexo opuesto hacía su vida incompleta.
Por eso debo admitir el shock que me provocó la carta de Nati. Me decía que habían sido los mejores cuatro años de su vida pero que ya no me amaba. Que era su obligación moral decírmelo y alejarse antes que cometiéramos el error de casarnos. Que nos merecíamos ser felices. Que en los últimos tiempos se había empezado a sentir algo asfixiada, que le faltaba contención, alguien que la comprendiera y aseguraba haberme dado señales que no supe interpretar. También revelaba haber conocido a alguien que le había despertado cosas en su interior que ni siquiera había sospechado tener, que la escuchaba y que la hacía sentir una mujer plena. Que no era nada en mi contra y no me guardaba ningún rencor pero que su intuición le dictaba vivir esa historia de amor. La verdad que nunca había sospechado de ella. Es probable que a veces la notara algo lejana, tal vez taciturna pero nos conocíamos tanto que hasta sabíamos interpretar los silencios del otro. A los pocos días de haber leído la carta y al ver que mi estado de ánimo se arrastraba por el piso mi hermana se acercó a hablarme. Además de mi hermana menor, Julia era mi amiga y confidente y cuando alguno estaba bajoneado por algún asunto del corazón solíamos prestarnos los oídos. Fue entonces cuando entró a mi habitación y me contó todo. Me dijo que ella sabía que Nati me iba a dejar por el Flaco. Que alrededor de dos semanas atrás la había escuchado hablando a escondidas desde el celular. Que decía frases como “es el momento”, “tenemos que ser fuertes” y “es mejor así”. Después me relató cómo sin que se diera cuenta le revisó el registro de llamadas del teléfono y ahí reconoció el número del Flaco. Me quedé duro, sin reacción. Nunca me hubiese esperado tamaña traición.
Tenía una mezcla de angustia con bronca, de tristeza con indignación. Entre sollozos me dijo sentirse culpable, que la perdonara, que no había sabido manejar la situación y que lo único que quería era verme bien. Pocas veces la noté tan acongojada a mi hermana como esa noche. Le dije que se tranquilizara, que quizás Nati se arrepentía y volvía pidiéndome perdón, buscaba autoconvencerme que el Flaco no había sido partícipe de tal artero plan pero lo cierto es que las pruebas eran contundentes. Desconcertado, sólo atiné a calmar a mi hermana que a esa altura era sólo llanto y desconsuelo. Cuando logré apaciguarla siguió con las revelaciones. Me dijo que no estaba así por mí sino por ella. Y ahí me recibí otro mazazo directo al mentón. Me confesó que venía manteniendo un romance oculto con el Flaco desde hacía siete meses, que lo amaba, que sentía que era el hombre de su vida, que se habían prometido amor eterno y que estaban próximos a blanquear la situación. Que de movida no me lo habían dicho porque pensaban que me iba enojar, que nunca iba a aprobar esa relación, que los dos me consideraban una persona importante en sus vidas y como no querían perderme estaban esperando el momento correcto para enfrentarme.
Fue un golpe duro, me costó salir. Hoy lo recuerdo y siento cimbronazos. A la distancia pienso que fue lo mejor. Nati no era la persona que necesitaba y a pesar de que estuvimos a meses de casarnos nunca pude imaginármela como la madre de mis hijos. Siempre me preguntaba cómo sería pasar el resto de mi vida con ella. De qué hablaríamos los domingos a la mañana, cómo envejeceríamos o cómo sería el sexo después de veinte años de casado. Es más, ahora que lo pienso ella era la mujer perfecta para el Flaco. Una tipa tímida, por demás seria, inteligente pero poco carismática y con un nivel de frialdad necesario como para decirte con la misma gestualidad “habría que comprar más perchas” o “sos el hombre de mi vida”. A los dos años supimos que se habían casado en España y estaban esperando un hijo. Ella estaba trabajando en el restaurant de unos amigos y a él lo habían ubicado en la casa central de la empresa para la que trabajaba. Los muchachos volvieron a ver al Flaco cuando pasó lo del padre. Vino sólo, estuvo unos días y se fue sin hablar del tema. El Loco, con mucho tino, decidió que no era el momento de hablarlo.
Dicen que el tiempo acomoda las cosas. El distanciamiento que provoca el paso de los años nos da un mejor panorama para analizar lo que pasó. Y la verdad es que librado de los impulsos pasionales, con la ira masticada y la mirada libre de distorsiones tengo que admitir que me alegró lo del Flaco. Siempre quise lo mejor para él y si para conseguirlo necesitó hacer las cosas que hizo… allá él. Su conciencia tiene la palabra. Por mi parte, luego de años de batalla, pude dejar atrás los antidepresivos y desde hace once años y tres meses dejé de evadir mi realidad con sustancias prohibidas. Me siento un hombre limpio y pleno. Los años de terapia y los distintos grupos de autoayuda que frecuenté me enseñaron a hacer a un lado al rencor y mirar hacia adelante. Y creo que lo superé, pude sobrepasar ese dolor y hoy en día puedo decir con orgullo la alegría que me provoca que dos personas que fueron parte importante de mi vida hayan encontrado la felicidad. Sin embargo, siempre habrá una imagen que dará vueltas en mi cabeza, que no hay diván ni libro de Bucay que me la haya borrado y me atormentará hasta el final de mis días. Nunca me olvidaré de aquella tarde en la que había quedado con el Flaco que me pasara a buscar por casa antes de ir al cumpleaños de Toti. No me acuerdo porqué motivo me demoré en la Facultad y cuando entré vi al Flaco hablando con mi mamá en el sillón del living. En su momento no le di importancia después de todo con el Flaco nos conocíamos desde jardín y con los años había adquirido un cierto nivel de confianza con toda mi familia. Pero es verdad eso que dicen que el tiempo nos permite mirar con más claridad el pasado. Tan cierto como que ese fue el único día en mi vida que vi al Flaco con la camisa algo arrugada y ligeramente por fuera del pantalón.

by Aleeeeeti

miércoles, 9 de abril de 2008

La verdad oculta de la Milanesa Napolitana

Siempre me llamó la atención que una comida tan sencilla, cotidiana y típica se llamara Milanesa Napolitana. La duda que me perseguía era saber de qué manera ese plato tan nuestro conjugaría el poderoso y próspero norte italiano (Milán) con la pobre y siempre castigada Nápoles. De un lado el glamour de los diseñadores más prestigiosos y del otro La Camorra. Los espectaculares monumentos con las galerías de arte y las construcciones precarias. La arquitectura de vanguardia con los grandes centros comerciales y los pueblos humildes perdidos entre las montañas. El Milán de Berlusconi y el Nápoli de Lavezzi.
Desechada la hipótesis de que algo pueda tener como origen dos ciudades tan dispares, lo primero que pensé fue que la denominación era producto de nuestra grandilocuencia, la pretensión de darle más entidad a las cosas llamándolas de otra manera. Porque los argentinos somos demasiado grosos para que uno plato estandarte de nuestra cocina se llamara Milanesa (parece que en realidad es vienesa) con queso y tomate nomás (la posssta es sin jamón papá). Había que jerarquizarlo, darle espectacularidad, disfrazarlo tras alguna terminología rebuscada que nada tenga que ver con “la cosa”. Después de todo siempre fuimos una sociedad adicta a esos vocablos marketineros (ver publicidad de Schneider). ¿Será parte de nuestra idiosincracia que, forjada a base de complejos de inferioridad, nos hace grandilocuentes o realmente seremos los más lindos, lo más vivos y los más guapos?
Tras noches de insomnio y luego de varias terapias psicológicas fallidas decidí googlear (que me perdone la Real Academia Española) el término para ver de dónde provenía y encontré lo siguiente: “…la milanesa a la napolitana se trata de una milanesa con tomate y queso por encima y luego gratinada en el horno y la verdad es que este preparado nada tiene que ver ni con Milán ni con Nápoles de Italia”. Hasta ahí todo bien pero faltaba lo mejor, saber el origen del nombre. La explicación continuaba. “Víctor Ego Ducrot (periodista) en su investigación para las primeras jornadas de patrimonio gastronómico argentino (“La cocina como patrimonio (in) tangible”) dice: “se llama napolitana porque la hizo por primera vez un cocinero tucumano, en un restaurante que se llamaba Nápoli, que quedaba frente al Luna Park”. Fueron tres líneas pero me dispararon varias cuestiones que me hicieron repensar mi existencia y darme cuenta que lo inquietante de tan sabroso plato (¿existe persona en el mundo que se haya negado a una buena milanga?) no era su denominación que no era más que una máscara, como alguien diría, “un velo de ignorancia” de otras cuestiones muchos más profundas.
No es casualidad que le hayan adjudicado el nombre del restaurante. Si fue creación de un cocinero tucumano debería llevar su nombre o en el peor de los casos llamarse “Milanesa a la tucumana”. Pero no. Le pusieron el nombre del restaurante en el que nuestro ignoto héroe seguramente era explotado y la plata que le pagaban sólo le alcanzaba para pagar un magro cuarto en una pensión o coventillo de La Boca. Quizás ser tucumano y cocinero no eran méritos suficientes para los círculos de la elite letrada de la clase dominante encargados de escribir la historia. Una muestra más de la opresión a las clases trabajadoras. La extracción de la plusvalía en su cara más cruel. No les alcanzó con apropiarse de su fuerza de trabajo, de su tiempo, de sus energías, de sus creaciones sino que también le robaron el derecho a quedar inmortalizado y pasar a la posteridad dándole nombre a uno de los platos más característicos del país.
Ya están notificados. Imposible mirar para el costado. De aquí en adelante cuando encaren una suculenta Milanesa Napolitana sabrán que no es más que otro instrumento de la ideología dominante para ocultar la explotación de las masas. Y ahí será decisión de ustedes. Quizás decidan entregarse a los placeres carnales y validar este plato eligiéndolo una y otra vez en el menú. Por mí parte prefiero no ser cómplice de esta apropiación, de la prepotencia de los poderosos que condenó al olvido a aquél humilde trabajador, de esta sociedad que desecha las tradiciones y valores en nombre del progreso. Prefiero pedirme una Suprema de pollo Napolitana que es mucho más rica y me libera de esta pesada decisión.

lunes, 10 de marzo de 2008

La historia perdida


Las grandes cadenas de televisión parecen haber encontrado un nuevo formato para sumar audiencia, auspiciantes y fundamentalemente unos cuantos ceros más en sus ganancias. ¿La fórmula? Fácil: series interminables con historias-chicle y un número de capítulos que variarán de acuerdo a lo caliente que mantengan la pantalla. Así es como se multiplican series de todo tipo y para todos los públicos (en realidad siempre es el mismo). A pesar de no conocer los números, no sería muy arriesgado decir que Lost es la serie que picó en punta y según los especialistas se ha “convertido en un fenómeno de audiencia”(¿?).
Lo primero que tengo que decir es que es una excelente serie. Una gran historia con locaciones espectaculares y un suspenso que se mantiene a fuerza de cruces (a veces muy forzados) entre los personajes y una isla que tiene más interrogantes que palmeras. Stephen King, que algo de historias de suspenso sabe, escribió hace ya bastante un artículo en el que exigía “…Nota a Abrams y su equipo de guionistas: su responsabilidad incluye saber en qué momento escribir la palabra FIN”. Y seguía, “…lo duro va a ser decirle a ABC que Lost va a concluir en determinado punto, y que no importa si el público sigue loco por el programa. Pero por favor, muchachos, no maten a esta dulce vaca a palos, con años y años de relleno. Terminen el programa como quieran, pero cuando llegue el momento del cierre, cierren”.
Creo que esa batalla está perdida, que la historia debió pagar las consecuencias del éxito y sufrió daños irreversibles. Con la “dulce vaca” se habrán dado una flor de panzada y cuando habían pelado los huesos anunciaron que la serie culminará en la sexta temporada. Eso significa 48 (16 x 3) capítulos más. Si usted, querido lector virtual, cometió el imperdonable delito televisivo de no ver ningún capítulo de la serie y alguien se la recomienda, éstas son algunos puntos que deberá tener en cuenta:

1) Si te enganchás con la serie siempre va a haber alguien que haya visto más capítulos que vos y te va a contar lo que viene o tirarte justo ese dato que vos no querías escuchar. El famoso síndrome “Sexto sentido”. Y te aseguro que te vas a sentir violado y te vas a dar cuenta lo fácil que pueden llenar de angustia tu existencia.
2) Así como la serie fue un éxito y le agregaron tres temporadas, si los números
empiezan a decaer se puede venir un final abrupto y/o ridículo. Las palmeras pueden convertirse en robots y asesinar a todos, puede haber un tsunami que arrase la isla y demás. Y ahí quiero ver qué hacés con tu fanatismo.
3) Todavía estoy esperando la explicación de los seis números malditos que parecen ser la clave de todos los misterios de la humanidad. Yo entiendo que haya que mantener el suspenso pero si durante los primeros capítulos me planteás un interrogante tan importante para la historia no me podés estar debiendo la respuesta después de 78 capítulos. Necesito saber si me pasará algo si juego los números en la ruleta y gano una fortuna.
4) Las mujeres están bárbaras, unos bombones y los flacos son casi todos facheros. Están en una isla desierta pero de sexo poco y nada. ¡Sólo algunos besos y un par de escenas hot!!
5) Hurley es el típico gordo buenazo-sufrido-perdedor-marginado y por supuesto que desestimado por el sexo opuesto. Pega onda con una linda mina (Libby) y cuando se le está por dar una vez en su vida. ¡Pum!! No sólo la matan, sino que revelan su pasado en el neuropsiquiátrico. Mensaje para Hurley: “la única mina que te dio bola estaba mal de bocho”. ¿Hacía falta tanta crueldad???
6) Sayid es un irakí que estuvo en la milicia. Llego a la isla buscando desesperadamente al amor de su vida. Es un tipo noble y muy útil para la supervivencia del grupo pero es un torturador. Claro, si era irakí no podía ser panadero o psicólogo, tenía que ser torturador. Se gana a una rubia divina de Beverly Hills que en otra circunstancia no le hubiera dado bola (ojo, igual era medio rapidona). Comienza el romance pero… ¡Pum! También la matan. Se ve que los guionistas son gente resentida y no les gustan las parejas felices. Otro acto de crueldad imperdonable.
7) La serie arranca con un accidente aéreo en el que sobreviven alrededor de ¡60! personas que caen en una terrible isla perdida en algún punto del Pacífico Sur (nunca en un descampado de Florencio Varela). Permisiones del género.
8) Si sos muy ansioso y no podés tolerar 72 capítulos, o sea, 2880 minutos para llegar a la cuarta temporada seguí este derrotero. Mirá los pimeros doce, obvía la segunda y de ahí andate a la tercera. Te ves los primeros y últimos cuatro y ya estás listo para arrancar con la nueva temporada.
9) Si decidís empezar a mirar la serie o continuarla, lo mejor que podes hacer es olvidarte de los ocho puntos anteriores y preguntarte porqué perdiste cinco minutos leyendo este posteo que escribió alguien por el sólo hecho de llevarle la contra a sus amigos fanáticos de Lost. Es lo más saludable.
10) No quiero, basta de decálogos y números redondos!!!

jueves, 6 de marzo de 2008

Una lección de vida


Ante la falta de inspiración y la presión ejercida por Jimmy Jazz para renovar el blog no me quedó otra que recurrir a mi escritor favorito, Roberto Fontanarrosa. Sería pretencioso decir que lo hago a modo de homenaje, simplemente encontré este artículo que son declaraciones extraídas de una charla que dio El Negro en la Feria del Libro de Rosario. Acá se las dejo, prometo renovar próximamente aunque las grandes potencias no me levanten el bloqueo.

Los libros:
“Hay un tema que yo he dicho en muchos casos y que puede sonar provocativo en una feria del libro, pero les voy a explicar desde mi punto de vista cómo yo elijo un libro. Ustedes lo toman como quieran, pero yo les voy a decir qué condiciones tiene que tener un libro para que yo lo elija.”“Primero y principal no tiene que ser un libro gordo. Un libro gordo me parece un abuso de confianza del autor hacia mi tiempo. Es como si aparece alguien y me dice: ‘Quisiera hablar con vos, tenés dos semanas libres...’. ¿Cuál es el lazo de confianza que me une a ese escritor para que durante dos meses yo me vaya a la cama con él y su libro?”“Segundo, y lo va a comprender la gente que ya tiene cierta edad, y no es por la madurez: tiene que tener letra grande. Hay escritores que escribían con letra muy chiquita, y ya a esta altura del campeonato ese esfuerzo es excesivo.”“Otra cosa: tiene que tener espacios en blanco. Si abro un libro y veo un masacote negro, como si fuera un amontonamiento de hormigas, yo digo: ‘¿Por dónde entro al texto?’.”“Otra alternativa: fíjense en capítulos cortos. Ustedes mismos se van a dar cuenta de la sabiduría del cuerpo humano: usted está leyendo un libro y de repente observa que sin darse cuenta su mano derecha va buscando las páginas hasta llegar a un capítulo.”“Otra cosa que me interesa también es que tenga diálogos, porque a mí me gusta escuchar a los protagonistas. Antes pasaba en algunos diarios, porque ahora el género del reportaje es mucho más fluido, que hacían un reportaje y decían: ‘Estuvimos en la casa del afamado escultor fulano de tal, y nos dijo que está pensando en hacer una escultura que representa a un caballo comiendo una codorniz’.”“Yo digo: dejalo hablar al escritor, qué te metés en el medio. A mí con los libros me pasa eso. Y si están bien escritos mejor, pero siempre préstenle atención a esas consideraciones.”


Los estudios:
“Yo desde mi ignorancia me hago una pregunta: ¿por qué los chicos se tienen que levantar tan temprano para ir a la escuela? Gardel se levantaba a las ocho de la noche. Y fue Gardel. (...) Les voy a contar que estuve en Córdoba, donde me dieron el Doctor Honoris Causa, lo que indica lo mal que está la educación argentina. Imagino la desolación de los estudiantes que estudian ocho horas diarias y ven que a un tipo como yo le dan el Doctor Honoris Causa. Yo no terminé el tercer año de la escuela secundaria. Y no levanto como bandera el ser un ‘salvaje ilustrado’; digo que no terminé la escuela porque desde el comienzo sostuve una batalla desigual contra las matemáticas. Desigual por la simple condición de superioridad numérica de ellas. Los números son millones, y yo era uno solo. Yo fui a lo que era el Politécnico y me acuerdo de aquellas épocas de estudiantes, con todas las expectativas..., ¡qué horrible que era eso! Para mí era un espanto, similar a lo que me ocurrió no hace mucho, que tuve que hacer una dieta ayurveda de vegetales.”



La lectura:
“Siempre he ligado la lectura con el placer. Siempre he sido un lector vago. Y repito otra consideración que pasará al mármol: creo que casi todos los grandes logros y avances de la civilización se debieron a la vagancia. O sea, el tipo que inventó la rueda es porque no quería caminar más. Y después de la rueda, el otro invento maravilloso, que ha hecho dar un salto cualitativo y cuantitativo a la humanidad, es el cambiador del televisor. Volviendo a la literatura, no entiendo el esfuerzo por leer, cuando uno se encuentra con tantos libros que los empieza y no los puede dejar, se siente atrapado por los libros, quiere terminarlos y está feliz mientras los lee.”

Los nuevos medios de comunicación:
“Con los mensajes de texto estamos muy susceptibles. Yo me acuerdo de los telegramas. A nadie se le ocurrió decir que ese invento estaba arruinando el lenguaje. Está la gente que dice enfadada que no le gustan los shoppings. Y, no vayas querido, cuál es el problema. Si no, es muy fácil pegarle a la televisión, que a mi juicio es un invento maravilloso. Y repito, si solamente hubiera sido creado para transmitir fútbol ya estaría largamente justificado. Ahora, como todas estas cosas, como la historieta, es un instrumento. Si alguien me escucha a mí tocar el piano, dirá que el piano es un instrumento nefasto. Ahora, si lo escucha a Richard Clayderman, por ejemplo, dirán que es un instrumento sublime. Con la televisión pasa lo mismo. Ahora, estoy de acuerdo con que se usa un vocabulario bastante pequeño, y en ese aspecto la lectura te da más posibilidades de expresarte. Para mí la lectura siempre ha sido un placer. Hay muchísima información, e imperceptiblemente uno va ganando una vastedad de lenguaje, y aparte es una compañía formidable. Se puede vivir perfectamente sin leer un libro. Creo que más de las tres cuartas partes de la población mundial jamás ha leído un libro. Pero, entre una cosa y otra, prefiero leerlos.”

viernes, 15 de febrero de 2008

Mudanza


La continua falta de caracteres para explayarme y la insistencia de mi amiga fotologuense Lelulimon hicieron darme cuenta que estaba haciendo un mal uso del espacio. Me quise hacer el interboy canchero y me abrí un fotolog pero lo que necesitaba realemente o mejor dicho estaba más acorde a mis necesidades era un blog. Así que decidí mudarme de barrio. Y acá estoy. En la inmobiliaria me dijeron que es un tres ambientes amplio y tengo mucho espacio verde cerca así que veremos, en una de esas hasta me puedo comprar un perro.

Acá abajo les dejo los posteos que traje desde http://www.fotolog.com/aleeeeeti. Obviamente como en toda mudanza se pierden cosas pero creo que también se ganan. Es que al revolver todo y revisar cada rinconcito uno se topa con cosas que daba por perdidas, que ni se imaginaba que estaban ahí o directamente desconocía su existencia. Próximamente, y si la apatía no me gana, aparecerán posteos nuevos (¿es posteo la palabra adecuada?)

El que me vendió la nueva vivienda me prometió que los comentarios son abiertos a cualquiera sin necesidad de tener un blog. Es como cuando vas a ver un depto en invierno, le preguntás al que te lo muestra qué tal es en verano y te dice "fresco", "corre mucho aire por la orientación del edificio". Obviamente en Enero te querés morir y rompés toda la pared para poner un aire acondicionado. Así que acepto firmas, sugerencias, críticas e insultos de todo tipo. Bienvenidos.


jueves, 31 de enero de 2008

¿Me permite esta pieza señorita?


Hay que verlos. Están en todas partes. Se mueven como androides que luego del boliche invaden playas, plazas, casas, bares u otros boliches. Saltan repetidamente moviendo espasmódicamente los brazos y flexionando levemente las rodillas. No se tocan, no se abrazan, no se apoyan, no hablan, ni siquiera gesticulan y si lo hacen, sus gestos quedan sepultados tras las gafas desmesuradas que junto al pelo pegado en la cara les cubren la totalidad del rostro. No son alienígenas (habría que ver), no son fanáticos de alguna secta religiosa, son pre-adolescentes, adolescentes y adolescentes tardíos bailando marcha. Sí, MARCHA. No me vengan con esas terminologías inventadas por algún gerente de marketing de una discográfica como Techno, House, Disco, Urban, Tribal-house, Trance, Ambient o Acid House. Otra denominación absurda es música electrónica. Pregunta I: si en el grabador de mi pieza (que funciona a 220V) hago sonar un cd de Nino Bravo ¿estoy curtiendo música electrónica?

En los tiempos de la histeria y la apariencia, en la ciudad del no-contacto, este no-tipo de música parece haberse afianzado. Y es lógico que así sea. No soy un especialista, ni un fanático del baile, apenas me las rebusco para no pasar papelones cada vez que hay que hacerlo pero creo que lo hermoso de la danza es el contacto físico, el intercambio de movimientos y la sintonía entre los cuerpos. Puede haber más o menos contacto, pero contacto cero… Ahí es donde aparece la histeria. Me luqueo, me produzco, me muevo, me muestro, insinúo pero de sexo ni hablar. El otro es un bulto moviéndose en la oscuridad. Cada uno en su mundo. Los nenes con los nenes y la nenas con las nenas. Muchachos/as: A ver si lo entienden. El único propósito del baile es llevar a tu pareja a la cama. Pregunta II: ¿se preguntarán en el boliche “vos venís a rebotar siempre acá”?

Otra de las cosas que no entiendo es el auge de los DJ´s. Ahora resulta que en vez de pasar música tocan y tienen una popularidad enorme. Existen hasta rankings mundiales y las fiestas se promocionan a través del dj de turno. A eso le dicen line-up y cada uno tiene su set. Hace no mucho más de diez años no encontrabas a nadie que supiera el nombre de más de cinco djs, es más, yo pensaba que el único en el mundo era DJ Deró que metía canciones en esos compilados que salían en diciembre bajo el nombre de “Verano del 95” por ejemploy se compraba siempre mi amigo Santiago. Hace poco, en Mar del Plata, una tarjetera (¿o debo decir promotora con flyers?) de Sobremonte me vendió el boliche diciendo “hoy toca Martín García” que fue como si me dijera “en el patio del boliche hay palmeras”. Pregunta III: ¿por qué carajo eliminaron los lentos de los boliches?No pretendo con esto determinar qué es la buena o la mala música, no soy capaz de decirlo. No tengo buen oído y la clave de sol que nos hacían dibujar en el comienzo del pentagrama en las clases de música siempre me salió deformada. La música que escucho es aquella que me transmite algo o me transporta hacia otro lugar. Y si la bailo esa motivación tiene que ser genuina. Si conocen a alguien que le guste la marcha (me encanta decirle marcha porque sé que a ellos no les gusta esta denominación) pregúntenle a cuántas fiestas electrónicas fue sin consumir las famosas “drogas sintéticas” (ver con el Dr. Miroli) o algún tipo de sustancia estimulante, incluido el vodka con speed que es la bebida que toman aquellos hombres a los que no les gusta el alcohol.

Por todo esto no resulta extraño que esta música calce perfecto como banda sonora de la película que vivimos. Tiempos de histeria, de seres superficiales estimulados artificialmente, del no-contacto y del fast-love. Habrá que unirse a ellos o ir al boliche con el cd de Nino Bravo…

martes, 15 de enero de 2008

Morro mágico


Vuelta del Morro, lugar mágico. Trataré de no caer en los lugares comunes de los blogs de viaje. No voy a hablar de precios, ni de excursiones ni de comodidades de los hospedajes ni a recomendar ningún lugar específico para comer ni daré ningún tip (¡qué mal me cae esa palabra!) acerca del Morro. Un amigo sostiene la teoría que la manera de vivir de los brasileños está determinada por las características geográficas de su país, de sus ciudades, de sus playas. Quizás esto dé para una análisis sociológico más profundo que estamos incapacitados de hacer, pero seguramente hay mucho de esto, aunque claro está, la teoría puede ser aplicada en el mundo entero.
El Morro fue un viaje que me agarró por sorpresa porque me sumé a último momento y siguió sorprendiendome allá. Por el lugar, por cómo la pasamos, por las personas que conocimos y por haber descubierto cosas nuevas en las personas con las que viajé (en otros posteos hablaré de ellas). Justamente ésa es una de las condiciones que lo hacen mágico: la capacidad de sorpresa permanente tanto a nivel geográfico (playas, rincones, recovecos, miradores, fiestas locas en lugares locos) como de experiencias vividas.
El Morro fue mucho más que esas playas interminables rodeadas de esa vegetación exuberante que posee la costa brasileña.Es mágico porque el tiempo no pasa. Estás inmerso como en un universo paralelo en dónde el tiempo se mide de otra manera. Estábamos en los primeros días de enero y temíamos regresar a la Argentina y que ya estemos en Marzo. Muchos podrán pensar “el tiempo no pasa porque estaban al dope tomando caipirinha en la playa”, por supuesto que algo de eso hay pero en el Morro todo se mueve y sucede leeeeento. Y está muy bueno que así sea. Es mágico porque te activa física y mentalmente, cuando entrás en su sintonía es difícil salir.
Decía que el Morro fue mucho más porque creo que lo que nos queda de los viajes más allá de todo, son esas situaciones cotidianas, personajes, apodos, esos códigos que se generaron en el día a día y que estarán siempre ahí para permitirnos reconstruir y recuperar este viaje que de alguna u otra manera nos marcó a todos. Juancho: tenías razón.
Nico, Gallego o Flanders: A vos te tengo que agradecer especialmente porque fuiste el que me invitaste (junto con Sucho) y el que me insistió para que vaya. Tengo que seguir los agradecimientos pero dije que iba a hablar más delante de los personajes con los que compartí el viaje…Seguramente seguiré escribiendo acerca del Morro, como primera entrega hasta acá está bien. Habrá que discernir entre material publicable y no publicable. Me costó elegir una foto, elegí la más clásica, la vista que teníamos desde nuestro lugar en la playa. Además todavía no me habilitaron los derechos de imagen los otros pasajeros así que prefería evitar futuras disputas legales. Tendré que pedir las respectivas autorizaciones.